La copa en el costal de Benjamín
José esconde su copa en el costal de Benjamín y tiende la trampa. Judá, que una vez vendió a un hermano, dice que nuestro Padre los ha descubierto y suplica ser esclavo en lugar de otro antes que ver a su padre morir de pena. La misma prueba, respondida de otra manera.
44 1Entonces ordenó al mayordomo de su casa: «Llena de alimento los costales de estos hombres, cuanto puedan llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal. 2Pon mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, junto con el dinero de su grano». Y él hizo como Josué había dicho. 3Al rayar el alba, despidieron a aquellos hombres con sus asnos. 4Habían salido de la ciudad, y no se habían alejado aún, cuando Josué dijo a su mayordomo: «Levántate y persigue a esos hombres. Cuando los alcances, diles: “¿Por qué habéis pagado mal por bien? 5¿No es esta la copa en que bebe mi señor, y por la cual suele adivinar? Habéis obrado mal en lo que hicisteis”». 6Cuando los alcanzó, les dijo estas palabras.
7Ellos le respondieron: «¿Por qué dice mi señor tales cosas? Lejos esté de tus siervos hacer semejante cosa. 8Mira, el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales te lo trajimos de vuelta desde Canaán. ¿Cómo, pues, habríamos de robar plata u oro de la casa de tu señor? 9Aquel de tus siervos en cuyo poder se halle, que muera, y aun nosotros seremos esclavos de mi señor».
10Él dijo: «Bien; sea como decís. Aquel en cuyo poder se halle será mi esclavo, y los demás quedaréis sin culpa».
11Entonces cada uno se apresuró a bajar su costal a tierra, y cada uno abrió su costal. 12Y él los registró, comenzando por el mayor y terminando por el menor; y la copa fue hallada en el costal de Benjamín. 13Entonces ellos rasgaron sus vestidos, y cada uno cargó su asno, y volvieron a la ciudad.
14Cuando Judá y sus hermanos llegaron a la casa de Josué, él estaba todavía allí, y se postraron ante él en tierra. 15Y Josué les dijo: «¿Qué es esto que habéis hecho? ¿No sabéis que un hombre como yo sabe muy bien adivinar?»
16Judá respondió: «¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos? ¿Cómo nos justificaremos? Nuestro Padre ha hallado la culpa de tus siervos. Aquí estamos, esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquel en cuyo poder fue hallada la copa». a a v16 Judá reconoce la mano de nuestro Padre que descubre la culpa largo tiempo sepultada de haber vendido a Josué, atrayendo a los hermanos hacia el arrepentimiento.
17Pero él dijo: «Jamás haría yo tal cosa. Solo aquel en cuyo poder fue hallada la copa será mi esclavo; y vosotros, volved en paz a vuestro padre».
18Entonces Judá se acercó y dijo: «Te ruego, señor mío, permite que tu siervo hable una palabra a oídos de mi señor, y no se encienda tu ira contra tu siervo, pues tú eres como el mismo faraón.
19Mi señor preguntó a sus siervos, diciendo: “¿Tenéis padre o hermano?” 20Y nosotros respondimos a mi señor: “Tenemos un padre anciano, y un hijo pequeño que le nació en su vejez. Su hermano ha muerto; solo él ha quedado de los hijos de su madre, y su padre lo ama”. 21Entonces dijiste a tus siervos: “Traédmelo, para que ponga mis ojos sobre él”. 22Y nosotros dijimos a mi señor: “El muchacho no puede dejar a su padre, porque si lo dejara, su padre moriría”. 23Pero tú dijiste a tus siervos: “Si vuestro hermano menor no desciende con vosotros, no volveréis a ver mi rostro”. 24Aconteció, pues, que cuando volvimos a mi padre, tu siervo, le contamos las palabras de mi señor. 25Y cuando nuestro padre dijo: “Volved a comprarnos un poco de alimento”, 26nosotros respondimos: “No podemos descender. Si nuestro hermano menor va con nosotros, entonces iremos; porque no podemos ver el rostro de aquel hombre si nuestro hermano menor no está con nosotros”. 27Entonces tu siervo, mi padre, nos dijo: “Vosotros sabéis que mi mujer me dio dos hijos. 28Uno de ellos se apartó de mí, y dije: ‘De cierto ha sido despedazado’; y no lo he vuelto a ver. 29Y si también tomáis a este de mi presencia, y le acontece alguna desgracia, haréis descender mis canas con dolor hasta el sepulcro”. 30Ahora, pues, cuando yo llegue a tu siervo, mi padre, y el muchacho no esté con nosotros, como su vida está ligada a la vida del muchacho, 31sucederá que, al ver que el muchacho no está, morirá; y tus siervos habrán hecho descender las canas de tu siervo, nuestro padre, con tristeza hasta el sepulcro. 32Porque tu siervo salió por fiador del muchacho ante mi padre, diciendo: “Si no te lo traigo de vuelta, seré culpable ante mi padre para siempre”. 33Te ruego, pues, que tu siervo quede como esclavo de mi señor en lugar del muchacho, y que el muchacho vuelva con sus hermanos. b b v33 Judá ofrece su propia vida en lugar de Benjamín: la primera sustitución de la Escritura por un hijo de Israel. Jesús, el León de la tribu de Judá, cumple este modelo al tomar nuestro lugar en la cruz. 34Porque, ¿cómo podré volver a mi padre sin el muchacho? No podría soportar ver el mal que sobrevendría a mi padre».